Más allá de las cuestiones tradicionales como el retraso de la edad en la que comienza a buscarse la maternidad o la disminución de la calidad seminal, Gorka Barrenetxea, director médico de la Unidad de Reproducción Asistida de la Clínica Quirón, entiende que “el incremento del número de ciclos de reproducción asistida anuales obedece, a su vez, a la influencia de hechos nada desdeñable como la escasa frecuencia de las relaciones sexuales”.
Existen parejas de mediana edad, incluso jóvenes, que han llegado a la consulta con deseo gestacional y que presentaban problemas de disfunción sexual tales como impotencia o vaginismo y cuando se les ha planteado la posibilidad de tratar la disfunción para lograr una reproducción natural y no tener que recurrir a los métodos de reproducción asistida, todas las parejas han preferido tener un embarazo a tener relaciones sexuales”.
En opinión del especialista, “la escasa frecuencia de las relaciones sexuales es una de las causas más comunes a la hora de revisar el origen de las dificultades de gestación. El hecho de que muchas parejas sepan con exactitud cuándo se han quedado embarazadas es negativo, un síntoma de que las relaciones no han tenido la secuencia adecuada. Sería conveniente retirar la televisión de la alcoba”.
Existen cuestiones puntuales que afectan a esta baja frecuencia sexual. “El exceso de trabajo y las ofertas de ocio alternativas “distraen” a la pareja. Entre una película y un polvo yo creo que no hay dudas, pero la realidad es que sí se plantean. Así como intentamos transmitir al ginecólogo cuáles son las indicaciones para derivar a una pareja a una unidad de reproducción asistida, haciéndoles ver la necesidad de no hacer pruebas innecesarias y no perder el tiempo con una pareja cuando éste considera que ya ha transcurrido un periodo de tiempo suficiente, también es necesario informar a la pareja que han de ser persistentes antes de recurrir a un centro de reproducción”.
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