Estudios especializados reportan que a mayores tasas de estrés hay menores probabilidades de concebir un bebé, pues se afecta la calidad de los óvulos, se producen irregularidades en la ovulación y contracciones uterinas que impiden la implantación del embrión y se altera la calidad y cantidad espermática.
Aunque los trastornos reproductivos ocasionados por el estrés y la depresión pueden ocurrir tanto en hombres como en mujeres, los estudios más populares se refieren al efecto de estos dos factores sobre la fertilidad femenina.
La psicoterapeuta gestalt y psicocorporal Ana Llorente es fundadora de la institución Ser Fértil. ‘La infertilidad es tratada como un tema tabú en nuestra sociedad y debemos combatir ese estigma,’ dice.
Para la psicóloga clínica y psicoterapeuta cognitiva Sophia Behrens, controlar las emociones y el comportamiento es una de las alternativas para atacar el problema. Estos impulsos están asociados con la forma en que piensa y evalúa el individuo.
La literatura científica demuestra que las mujeres con trastornos de ovulación tienen también elevados niveles de cortisol, la hormona del estrés. ‘En un estudio realizado por la doctora Sarah Berga (Universidad de Emory, Atlanta) en el año 2003, 7 de 8 mujeres que recibieron terapia cognitivo-conductual para el manejo del estrés, recuperaron su capacidad para ovular, en contra de sólo 2 entre 8 mujeres que no la recibieron’, comenta Llorente.
Para formar familia. Ana Llorente explica que estos trastornos se deben a alteraciones en la comunicación entre el hipotálamo, la pituitaria y las gónadas. ‘El hipotálamo es la región del cerebro que inicia el proceso de síntesis de hormonas para la reproducción.
A la vez se encarga de procesar emociones como la rabia y el miedo, relacionadas con la respuesta ataque-huída, propia del estrés. En algunos casos, el hipotálamo decide enviar al sistema el mensaje de ‘no es seguro reproducirse’.
Las sobreexigencias físicas, como las dietas estrictas y un régimen de ejercicios exagerado, también pueden disparar ese mensaje y en algunas personas inciden en la fertilidad.
Las alteraciones en el eje hipotálamo-pituitaria-gónadas, pueden alterar la ovulación, la espermatogénesis, la fertilización, el funcionamiento de la trompas y hasta la implantación del embrión.
Llorente pone en práctica el Programa Integral de Fertilidad o Whole Person Fertility Program (WPFP) que aplica la psicoterapeuta estadounidense Niravi Payne desde hace más de 20 años, el cual parte de una revisión de la historia familiar de la persona, la pareja y el significado de los hijos.
Cuando se toma la decisión de ser padres se experimenta un deseo consciente, pero es probable que en ese momento los aprendizajes y experiencias previos se actualicen y despierten angustia, rabia o miedo, diciéndole inconscientemente ‘no’ a la maternidad/paternidad. Entonces, el trabajo consiste en liberar las emociones dolorosas que han generado y lograr estar disponible para hacer familia.
Llorente apoya el WPFP con dos herramientas: la hipnosis clínica y las intervenciones psico-corporales. ‘Utilizo la hipnosis para acceder a información profunda que pudiera estar interfiriendo con el deseo consciente de las parejas de ser padres y sustituirla por información más efectiva y generadora de equilibrio. Durante la hipnosis también suministro a las personas herramientas para mantenerse tranquilas y aceptar de manera positiva y relajada los tratamientos de fertilización asistida. Las intervenciones psico-corporales permiten la liberación de tensiones físicas y bloqueos energéticos
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